No hay fechas ni etapas cerradas en un calendario: cada intervención avanza según lo que el terreno y el árbol permiten. Lo que sigue es el orden de criterios que aplicamos en cada prototipo, desde la primera visita hasta el desarme.
Antes de cualquier trazo, se camina el sitio y se observa el tronco, las raíces superficiales y el sotobosque. Esa lectura define dónde puede apoyarse algo y dónde conviene no tocar nada.
Se define dónde van los pilotes para que la estructura rodee el tronco sin clavarlo ni herir la corteza. La distancia al árbol no es estética: es una condición de cuidado.
Los módulos se levantan del suelo para repartir el peso y dejar el terreno respirando. Así, retirar todo después no deja huella ni compacta la tierra.
Las piezas se ensamblan sin morteros ni anclajes permanentes. La Cabaña Coihue, por ejemplo, envuelve un coihue centenario con un sistema que puede desarmarse pieza por pieza.
El Módulo Lengas muestra cómo un solo ambiente con terraza volada se acomoda a un claro. La Plataforma Ñire, en cambio, resuelve la pernocta sin alterar el suelo del bosque.
Cada componente se piensa para volver a usarse en otro sitio. El final del montaje es, en realidad, la prueba de que la arquitectura reversible funciona.
Cada decisión de obra en un refugio alrededor de un árbol nativo tiene una consecuencia concreta. No se trata de una consigna abstracta: se traduce en cómo se apoya la estructura, cómo se retira y qué queda cuando el módulo ya no está.
La estructura rodea el fuste sin clavarlo ni herir la corteza. Los apoyos se ubican fuera del radio de crecimiento y el volumen se cierra alrededor del árbol, no contra él. Con el tiempo, el coihue sigue engrosando sin encontrar obstáculos.
Los módulos se elevan sobre pilotes puntuales o plataformas que reparten la carga. No hay plateas de hormigón ni excavaciones profundas. El sotobosque, la hojarasca y las raíces superficiales siguen su curso bajo la cabaña.
Las piezas se ensamblan sin morteros ni adhesivos estructurales. Eso permite desarmar el refugio, recuperar los componentes y reutilizarlos en otro claro. La Cabaña Coihue y el Módulo Lengas se pensaron con esa lógica desde el primer plano.
Cuando el prototipo se retira, no queda huella de fundación. La Plataforma Ñire lo muestra de forma directa: al levantar la grilla de vigas, el suelo del bosque aparece tal como estaba antes del montaje.
Dormir a la altura de las copas o desayunar con el tronco a un metro cambia la experiencia. La integración paisajística no es un agregado estético: define cómo se habita el lugar y qué se recuerda después.
Si querés ver cómo se traduce esto en cada prototipo, podés revisar los módulos y servicios o escribirnos desde la página de contacto.